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miércoles, 19 de mayo de 2010

Mía Gallegos

Mía Gallegos Domínguez nació en San José, Costa Rica el 17 de abril de 1953. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Golpe de Albas en 1977, con el que obtuvo el Premio Joven Creación, concurso convocado por la Editorial Costa Rica y la Asociación de Autores. En 1978 recibió el premio Alfonsina Storni en Buenos Aires, Argentina por el poema Asterión, concurso auspiciado por la Fundación Givré. En 1983 obtuvo el premio de los ex becarios de la Fundación Fullbright por el poemario que lleva el título de Makyo. En ese mismo año fue galardonada con el Premio Rubén Darío del Verso Ilustrado por el poema en prosa La Mujer que conduce el coche. En 1984 se le otorgó el premio de periodismo cultural Joaquín García Monge por su trabajo en el Programa de Televisión Galería. En 1985 publicó el libro Los Reductos del Sol y recibió ese mismo año el Premio nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría. En 1985 fue invitada a participar en el Programa de Escritores en la ciudad de Iowa, Estados Unidos.

En 1989 publicó El Claustro Elegido bajo el sello de la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia. En 1995 publicó el libro de prosa poética Los Días y los Sueños bajo el sello de la Editorial Costa Rica. En el año 2006 publicó El Umbral de las Horas en la Editorial Costa Rica y al año siguiente recibió el Premio Nacional Aquiles Echeverría en poesía.

Poemas suyos han aparecido en revistas y libros antológicos de Costa Rica y España. También han sido traducidos al inglés y al francés.

Información obtenida de artepoetica.net
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EL CLAUSTRO ELEGIDO


No busco nada.
A nadie aguardo en este día.

Esperar es una de las raras
Estratagemas de Dios
Para detenernos en un punto.

Mi país:
Montaña verde y lluvia.
Un caballo se pierde en la llanura
Imaginada,
Que ahora está vedada a mis ojos.

Busco la intensa reflexión:
La de los libros amigos,
La luz interna que preciso para vivir,
El candil de oro,
El Eclesiastés y la paciencia de Job.

A mi edad y en un país de lluvia,
El claustro es una elección.
Ahí se pierden los contornos.

La vida se diluye en un ir y venir
Del trabajo al café,
Del café a la taberna.

Busco la infancia que soy:
La llanura, la sombra del árbol gigantesco,
El único mar sin fondo,
El caballo desbocado en su furia,
El verdor de la montaña junto al cielo.

Me gusta quedarme a solas
sintiendo como la sangre me nutre de nuevas
(vestiduras.

A solas me pertenezco.
No hay dicotomía entre el espejo y yo.
Una vive y la otra sueña.
Juntas recordamos a un hombre.
Juntas hemos escrito estos versos.


Mía Gallegos

SUEÑO EN VIGILIA

Este no es un sueño.
No es el álgebra soñada,
No es la realidad imaginada
O la grieta entrevista.

Tampoco es la literatura que se parece al sueño,
O el sueño que se parece a la literatura.

Igual que La Intrusa que Borges escribió
En la vigilia,
Fui sacrificada por dos hombres.

Mi sacrificio no los hizo ni mejor ni peor.
Ahora ellos, los dos, deben olvidarme.

Mi sacrificio fue por la luz propia.
Soy una mujer que en vigilia escribe
Y recuerda a dos que amó.

El sacrificio fue amarlos,
Y no esto que ahora recuerdo,
Que se parece a cierta altura y al olvido.

Mía Gallegos


Vuelvo a la noche

De pronto vuelvo
a la noche
con mis zapatos de agua.

Me desnudo
en el lento
ejercicio de mis manos
y busco
solamente
un objeto mío,
un pequeño barco,
un cometa,
un circo de inventadas cosas,
figuras cotidianas,
tuyas y mías,
que amo.

Pero sé
que de pronto
me vuelvo inaccesible
y vuelvo a ser silencio
y llama oscura,
donde mi barco
se escapa de tu orilla.

Mía Gallegos

EN LA PIEL DE ÍCARO

¿Y si al caer desnuda como una mariposa de lumbre,
Voy a dar a tus brazos,
Y moro algunos minutos entre tus largas piernas?

Y si arrojo estos poemas en la mitad de tu lengua,
En medio de tu indómita camisa,
Sólo porque anhelo morir quemada.
¿En dónde, entonces,
Quedará toda mi vida ahogada dentro de ti?

Quiero para ello
Tener la piel de Ícaro
Y habitar dentro de ti.

Y morir de muerte,
Pero dentro de ti.

Mía Gallegos


CREAR

El oficio de la ardorosa paciencia,
Tantear la sílaba,
Buscar la palabra que apenas señala un camino.

Me siento en esta silla que emanó de un sueño,
En donde solo está un reloj despierto,
Claro
Preciso
Libre
Cambia de itinerario, me dicen.
Pero no conozco ningún camino.
Todos han sido borrados, y es menester empezar de nuevo.

Quisiera escribir como quien canta,
Como quien ensaya el papel de la rumbera
En un salón de borrachitos en el trópico.

Aquí debo crear,
Bajo esta lluvia que no cesa,
Bajo esta paciente luna inmutable.
Crear: la paciencia,
La silla, los pocos libros que conservo.

Ah, si existiera el azar,
La puerta abierta, la ventana
Sin barrotes,
Desnuda,
Infinita,
Sin una sola aldaba.

Si existiera eso otro, la vida que no es esta,
Que a veces puedo construir en mis armarios.

Trazo palabras y letras con paciencia:
Son dibujos,
Bosquejos hechos con lápiz de punta mocha.

No sale un verso entero,
Ni siquiera una cancioncilla.
Es solo un trazo, tras otro, tras otro
Como un brutal aguacero.

El oficio es la paciencia que arde.
El golpe seco.
El tin tin del corazón.

Mía Gallegos


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