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jueves, 17 de junio de 2010

María Cegarra Salcedo

María Cegarra Salcedo. La Unión (Murcia), 1903 - Murcia, 1993

Poesía y química serán las dos aficiones que encuadran y protagonizan la biografía de María Cegarra Salcedo. Junto a ello, la unión de los hermanos Cegarra Salcedo es otro de los puntos de partida para entender la figura de esta unionense, Hija Predilecta del municipio.

Un ambiente muy familiar

De padre comerciante y madre maestra, no había en la familia Cegarra ningún precedente conocido de escritores ni poetas, siendo su hermano Andrés el que inicia la afición.

Su madre, cordobesa, había venido a La Unión junto con unos familiares. El recuerdo que de ella tendrán siempre sus hijos será el de una mujer alegre y cantarina. Cuando llegó a la localidad murciana conocería al que se convertiría en su marido, persona reconocida en el municipio por hacer cambios en moneda extranjera.

El matrimonio tuvo tres hijos, siendo María la segunda de ellos, y supieron crear un clima familiar muy cálido y cariñoso, manteniéndose todos muy unidos.

María Cegarra nunca se casó. Tuvo amores que no pudieron ser y se dedicó íntegramente a los suyos, acompañada de sus hermanos hasta que la trágica muerte los separara.

La infancia de María transcurrió tranquila en las calles de su Unión natal, una infancia muy vinculada a su buen amigo Asensio Sáez, que compartirá además con ella su afición y posteriormente profesión por la escritura. Ambos desarrollaron sus vidas bajo el profundo respeto y devoción por su tierra, a la que dedicaron muchas de sus letras, a veces de forma conjunta.


La figura siempre presente de Andrés y Pepita

Las personas primordiales en la vida de María fueron sin duda las de sus hermanos, Andrés y Pepita.

Él, adorado por María y convertido en el niño a quien dar su amor, su cariño y su apoyo. Luchaba junto a Andrés para que la enfermedad que le dejó postrado a una silla de ruedas durante catorce años no le mermara nunca la sonrisa. Pepita su segunda madre, su apoyo, su referencia más inmediata.

El sufrimiento y la pena de María en cada una de las pérdidas de sus hermanos, la de Andrés demasiado temprano, será el seno de su dolor pero también de su inspiración. Por la muerte de su hermano escribiría su primer poema publicado, Cristales Míos, y tras el fallecimiento de su hermana, muy cercano a su propia desaparición, surgiría su última obra, Poemas para un silencio.

Con anterioridad al fallecimiento de su hermano en 1928 María nunca había escrito nada seriamente. Tras este suceso tan doloroso en su vida, se iniciará su camino poético, en primer lugar por la 'prolongación del recuerdo de Andrés, el deseo de mantener viva su memoria'.

La primera mujer perito químico de España

En un mundo de minas y mineros, María estudió química animada por su hermano, quien pensó que debía proporcionarse un modo de vida, y que mejor futuro en esa tierra que dedicarse al análisis de minerales.

Tras las penurias sufridas durante la Guerra Civil, recibiría la Licenciatura de Ciencias Químicas de esa especialidad. Se creó su propio laboratorio de análisis de minerales. A pesar de su poco afán de protagonismo, esta faceta de María despertó la atención de muchos, en una época en la que la mujer no estudiaba tan sólo dedicada a las tareas del hogar.

La unionense reconocería más tarde que ella no eligió la química, pero acabaría por enamorarse de ella. Por paradójico que parezca, cuando conforme se adentraba en el orden de las fórmulas químicas más significado encontraba su vida, confluyendo en su sentir más profundo de la mano de la poesía.

Su otra pasión: la enseñanza

Desde 1928, tras la muerte de su hermano, solicita entrar a trabajar, consiguiendo una plaza como interina en Cartagena. Descubre su vocación por la enseñanza, impartiendo clases por la mañana y por la tarde en tres o cuatro lugares distintos.

La dedicación de María a la enseñanza se prolongará durante 40 años, siendo profesora de Químicas en la Escuela de Peritos Industriales y Maestría de Cartagena y en otros centros de Formación Profesional y Bachillerato.

Además, ya solas ella y Pepita, durante muchos años sus ingresos fueron los únicos que tuvieron para vivir. No pasaron dificultades económicas, entre otras cosas porque no fueron ni ella ni su hermana mujeres de grandes ambiciones.

Después llegaron sueldos más altos, con los que se compró una casa en Cabo de Palos de la que estaba muy orgullosa.


El apego a su tierra

A María le gustaba mucho vivir en La Unión. Pudo marcharse a vivir a otro lugar, pero quizá el profundo afecto a sus padres, y a todos los que tenía cerca de ella, le hizo permanecer en su casa de toda la vida.

Participaba de la devoción popular de la Virgen del Rosario, a quien ofrecería en varias ocasiones sus palabras. Se sentía fascinada con el tema de la Semana Santa de su tierra. Se afirmó que no se conocía Jueves Santo sin María acompañando al Cristo de los Mineros, ni noche del Festival del Cante sin María, evento que también promocionó y del que le gustaba participar íntegramente cada año.

Por la casa de María pasaron muchos de los escritores y personajes más relevantes de la contemporaneidad murciana literaria, Raimundo de los Reyes, Carmen Conde, Antonio Oliver, Miguel Hernández o Ramón Sijé.

A partir de 1979 María instituye y costea el Premio Andrés Cegarra Salcedo, homenajeando a su desaparecido hermano. El propósito fue estimular la creación de nuevas letras de 'mineras' con destino al Festival del Cante de las Minas. Con este concurso se enriquecerán las letras del cancionero de las minas.


María y Miguel

Mucho es lo que se ha hablado o escrito sobre la amistad de María y Miguel Hernández, circulando una leyenda sobre el enamoramiento del poeta hacia esta mujer.

El cariño que ambos se profesaban suscitó todo tipo de comentarios, pero lo cierto es que, muchos años después, la propia María afirmará que los viajes que el gran escritor oriolano hacía hasta La Unión para verla se fundamentaban en una sincera amistad.

Fuera o no amor, el sentimiento quedaría escondido y reservado en sus interiores, pero la evidencia del gran afecto que ambos se tenían quedaría reflejado en la correspondencia que María y Miguel mantuvieron durante años.

Las creencias políticas de María

Con anterioridad al estallido bélico que sacudió a toda España, María no estaba definida políticamente. Después, como muchas mujeres de su época, se introdujo en la Sección Femenina franquista.

Allí desempeñó diferentes tareas, ocupándose del taller de artesanía, de dar comidas a las chicas, o trabajando en Auxilio Social. María Cegarra se confesó una mujer del régimen anterior, aunque por su casa pasara gente de toda clase y condición.

Durante la guerra les hicieron registros en varias ocasiones. Su padre murió en el año 40, hombre pacífico y bueno, según lo califica su propia hija.

No se consideraba revolucionaria ni marxista, pero si creía firmemente en que las cosas debían darse a conocer tal y como eran. Estaba conforme con las huelgas reivindicativas, criticaba la actitud de las grandes empresas que no trabajaban a favor de otros... tenía al fin una actitud conservadora encerrada en unos ideales de solidaridad e igualdad. Como la misma María decía, a ella lo que le gustaba era la paz, ya fuera de unos o de otros.

La postergación de su poesía

Como ha quedado escrito, el hecho de publicar no es parte esencial del destino de un escritor, y así se entiende en la trayectoria lírica de la poetisa unionense.

La poca repercusión a nivel nacional de María Cegarra ha sido entendida como la consecuencia de las pocas salidas fuera de su entorno y de la irregularidad en sus publicaciones.

Como suele suceder con gran pesar, fue tras su desaparición cuando muchas de las personas que hasta entonces no habían conocido la obra de María comienzan a interesarse por ella.

Carmelo Vera, escritor murciano que mejor conoce la obra de la unionense, achacaría las causas del escaso y tardío reconocimiento a la obra de María a esa irregularidad en sus publicaciones pero sobre todo a su aislamiento, lo que él llamó su 'profundo ser'.

El reconocimiento a María

Aunque algunos dijeron que la rutinaria vida unionense la ahogaba, lo cierto es que María sentía verdadera devoción por su pueblo, por el que se preocupó durante toda su vida. Los homenajes y premios tardaron en llegar, pero fueron muchos los que reconocieron y admiraron la gran huella y legado artístico que este personaje dejó en su tierra y fuera de ella.

Estando en Murcia, ya enferma y apunto de morir, a María se la recuerda pronunciando el 'cuándo nos vamos a La Unión'.


Su poesía

María Cegarra Salcedo creía en la inspiración, en el surgimiento espontáneo de las ideas. Confesaba no tener una riqueza de vocabulario amplio, como por ejemplo su amiga Carmen Conde. Se definía como sencilla pero llena de emoción.

Para María existía una especial simbiosis entre poseía y química. En su poesía se pueden vislumbrar dos planos de su propia realidad, poesía y fórmula, 'desvarío y fórmulas', título de una de sus composiciones.

Victorino Polo dijo de la poesía de María Cegarra que tenía un carácter concentrado, ofreciendo un mundo personal y prosaico pero dispuesto a ser poseído y simpatizado por todo aquel que se acercara a su obra.

También otros personajes destacados de la literatura murciana y española alabaron sus poemas, como Juan Ramón Jiménez, Cano Ballesta, Carmen Conde, Miguel Hernández.

Sus escritos son intemporales, y quizá sea en tal afirmación donde radique la magia de esta poetisa que no siguió los cánones de ninguna escuela, no se sentía parte de ellas.

En las palabras que Santiago Delgado le dedicó en el prólogo de su Obra Completa brindado a María Cegarra en 1986, expresa que la poesía de María desprende 'belleza, necesidad y emoción desde la primera palabra de cada poema'.

Persona coherente con su forma de entender la poesía y expresarla, con ideas consistentes acerca de ello, abordando temas como el paisaje natal, los entramados unionenses, sus minas, sus gentes, sus amigos, su familia, la búsqueda de Dios..., la poesía de María Cegarra sin embargo, no fue difundida por importantes editoriales ni fue motivo de reseñas críticas destacadas.


Obras

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De "Desvarío y fórmulas"


He sido

una sencilla profesora de química.

En una ciudad luminosa del sureste.

Después de las clases contemplaba el ancho mar.

Los dilatados, infinitos horizontes.

Y los torpedos grises de guerras dormidas.

He quemado mis largas horas en la lumbre

de símbolos y fórmulas. Junto a crisoles

de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.

No he descubierto nada.

No tengo ningún premio.

A Congresos no asistí.

Medallas y diplomas

nunca me fueron dados.

Minúscula sapiencia para tan grandes sueños.

Pequeñez agobiante para inquietudes tantas.

Y rebelde ha surgido, como agua en desierto,

el manantial jugoso, intenso, apasionado,

-dulce herencia entrañable- que tiene la riqueza

de llenar de poesía tan honda desolación.


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Fragmentos de Poemas para un silencio


“Las lágrimas lavan mis ojos.

Borran su contacto con la tierra.

Puedo mirarte sin distancias.

Tenerte fuerte en las pupilas,

Entre limpios celajes.

El tiempo, de silencios cansado.

Tu voz por mi frente palpita.

Yo sola la percibo y entiendo.

A mí sola entrega su secreto.”

“Corrió su nombre entero hacia el cielo de los nombres.

Callar es mi destino.

No puedo nombrarla, no me responde.

Su nombre navega sin eco ni sonrisa,

Palpitando perdido.

Quiero que sean mares, cielos, soles,

Tierra caliente y levantada quienes me lo devuelvan.

Quiero que sea Dios quien abra el cielo de los nombres

y lo deje caer sobre mi frente fría.”


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Saeta dedicada al Cristo de los Mineros


Dame el marro compañero,

Que tengo que desclavar al Cristo de los Mineros

Y no voy a “relevar”.

No tengo miedo a las minas

Ni le temo a los barrenos

Porque conmigo camina

El Cristo de los Mineros

Sangrando por las espinas.

No necesitas sepulcro,

Que la galería te espera

Con los cirios de pirita

Y el sudario de galena.


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Del libro Desvarío y fórmulas


Praderas de números

Vertientes de letras.

Quiero espigar rosas

Y corto símbolos.

Busco el agua

En el cristal y susurro

Y surge la pizarra

Con su negro intenso.

Castigo y consuelo

Debatirse

Entre el no y el sí

De tu mandato;

Entre el sí y el no

De tu misterio.

Y llegar a encontrarse

Palpitando llena de incertidumbres

Y deseos.


---


DESPUÉS


Me moriré en La Unión junto a las minas,

con un rumor de mar a mi costado,

el cante de mi tierra como rezo,

y el trozo de un amigo por corona.

Tengo miedo que me cubra la tierra.

Pero el amor callado de mi ensueño,

desgarrará la oscuridad silente

alcanzando la luz inconsumible.

Mi mesa con su enredo de cuartillas.

Cartas que no alcanzaron su respuesta.

Un libro abierto, un retrato escondido.

Envuelta en soledad de soledades,

sin que nadie la recoja y la viva,

la emoción de mis versos al olvido.


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Presencia de Miguel


Nadie,

-ni antes ni después de ti-

Supo, sabe

Pronunciar mi nombre.

Hacías una creación de la palabra,

Del tono, del sonido, del acento…

Entonces…

Te recuerdo en mi nombre

-aprendido de ti-

Que conmigo inseparable, llevo.

Inconsumible, ingrávido.

Sin muerte y sin dolor.


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De "Cada día conmigo"


Hoy, mar.

Te he visto joven y alegre.

Has mojado tiernamente los pies,

de un hombre triste, descalzo,

que paseaba solitario por tu orilla.

Le has regalado una "chapina" blanca,

estriada moneda de tus sueños.

Con una gota de agua dentro,

redonda, transparente,

llena de versos y caminos.

Para la sed de un pétalo perdido,

O el bautismo de una mariposa.

Acaso aparecida lágrima

por las que nunca lloraron.


---


Necesito arena.

Un poco nada más.

La que cabe en la palma de la mano.

Pero ha de ser limpia, suave, seca,

sin conocer orillas ni marcas,

ignorando pisadas y desnudos.

Sin voces ni ruidos.

Que no sepa de peces ni de ahogados,

ni del rumor de caracolas.

Sin tortura de ramblas.

Blanca y pura arena, recogida con cuidado.

Sola.


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lunes, 14 de junio de 2010

Margarita Michelena


Margarita Michelena (Pachuca de Soto (Hidalgo), 21 de julio de 1917 - México, D. F., 27 de marzo de 1998) fue una poeta, crítica literaria y periodista mexicana, considerada por muchos como la mejor y más culta escritora del siglo XX.
La escritora, traductora y periodista Margarita Michelena nació el 21 de julio de 1917 en la ciudad de Pachuca, capital del estado de Hidalgo. Estudió la carrera de letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Trabajó como guionista de la estación radiofónica XEW, colaboró en las revistas América, Examen, Pájaro Cascabel, en el suplemento México en la Cultura del diario Novedades, en la revista América publicada por la Unión Panamericana de Washington, también trabajó para la Casa de la Cultura de Ecuador.

Hasta 1962 fue directora de la revista literaria El libro y el pueblo, editado por la Secretaría de Educación Pública (SEP), después de esto realizó el estudio sobre novela y cuento mexicanos para el número monográfico de Messico, publicado por Centro de Acción Latina de Roma.
Dirigió la revista política Respuesta y en 1967 estuvo a cargo del departamento de prensa de la Dirección General de Información del Departamento de Turismo. En 1978 doña Margarita pensando en las mujeres reunió a varias escritoras y periodistas para crear el primer diario a nivel mundial elaborado exclusivamente para mujeres. Este sueño fue hecho realidad en 1980 al aparecer Cotidiano, cuyo lema es "La expresión de la mujer en la noticia", sin una publicación feminista su principal objetivo fue dar a conocer las noticias desde el punto de vista femenino. La señora Michelena asumió la dirección del mismo.

También colaboró para el periódico Excelsior y para la revista Siempre y a partir de 1980 dirigió el suplemento cultural de la misma revista titulado La cultura en México.

Sobre sus creaciones literarias Octavio Paz señaló que “sus poemas son cristalizaciones transparentes, poemas bien plantados en la tierra, pero movidos por una misteriosa voluntad de vuelo”; ella misma afirmaba que su poesía era ontológica, dirigida al ser humano y hecha por un ser humano.
La obra poética de doña Margarita Michelena ha sido publicada en los poemarios: Paraíso y nostalgia (1945), Laurel del ángel (1948), Tres poemas y una nota autobiográfica (1963), La tristeza terrestre (1954), El país más allá de la niebla (1969) y Reunión de imágenes (antología,1969).

Los últimos años de su vida la aquejó una enfermedad que le produjo parálisis facial. Doña Margarita Michelena murió en la ciudad de México en el año de 1998.
Información obtenida de Instituto mexicano de la radio, Insituto nacional de mujeres, Mexico.


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A TI, ROSAL, NEVADO POR LA CIMA
A ti, rosal, nevado por la cima
de hielo ligerísimo,
a ti, que en el rigor abres tu rosa
póstuma, desplegada
sobre tu vago verde, y que la agitas
como una carta del verano ausente.
A ti, esbeltez intrépida, que subes
para estallar de tu mudez de espinas
hasta tu coro de dispersa nieve,
para mecer y para orear tu viaje,
en ésa tu paloma de alas quietas,
bajel de suavidad, vuelo de espumas.
Para ti, que contigo la trajiste,
que la sacaste de la tierra oscura
como si nos subieras un diamante.
Para ti, que una noche la tuviste
en soledad, como se tiene un sueño,
y luego, bajo el sol, su puerta abriste
igual que desatando
una celeste voz en tus espinas,
lo mismo que si anclaras
una pequeña nube en tus orillas.
Para ti, tesorero de la nieve,
silencioso arquitecto de la espuma,
este poema de este triste día.
Es que hablándote así, del frágil tallo
hundido y doloroso de mi voz,
desde mi noche que olvidó su estrella,
desde mi soledad, desde mi enero
y su granizo y sus perdidas aves,
me parece, loándote en la gloria
tardía y denotada en que terminas,
que, como tú, levanto yo una rosa.
Laurel de ángel, 1948
Margarita Michelena

POR EL LAUREL DIFUNTO
Aquí estás, en la tierra que me duele
por la corola abierta y emigrada
y justo en el invierno que atravieso
para ir de mi dolor a mis palabras.
Mira aquí, en la tiniebla que te sigue,
tu desolado rostro y estas lágrimas,
tan hondas que te brotan inconclusas
y te llenan de estrellas desgarradas.
Debajo de tu piel hay como un niño
que no salió a la sombra de los árboles
ni sintió la dulzura con que instala
su dolor y su júbilo la sangre.
Y es así que en tu voz, donde naufragan
los pájaros no vistos, los cristales
de corriente y de música negadas,
algo que duele —fracasado y tierno—
no se puede morir, siempre se queda
tal como en la estatura de la ola,
coronada de espumas y de espacios,
dulcísimo y menor se escucha siempre
el lírico metal de las arenas.
Yo te he amado en la sombra
de mi predio espantable y transitorio.
Mas no con brazos de mujer te he amado,
ni con los dedos de esperanza y hambre
que tejen mi tapiz, mientras desciende
sobre mi sol desértico el eclipse
del ala que me falta y vuelve el ángel:
con el dolor te amé de ver un río
ausente de su cauce.
No nos une en el tiempo sino un llanto
que no tuvo garganta en que alojarse
y la tibia estación de una caricia
de cuyas manos vi la arquitectura
adentro de mí misma desplomarse.
Esa ceniza de alguien que no vino,
a quien no pude dar el minucioso
labrado de su voz y su columna,
ese entrañable muerto de mí misma
cuyo nombre no sé ni sé su rostro,
es la madera impar de este naufragio
y nada más la huella de nosotros.
Eres toda la tierra que contengo,
todo el dolor mortal que haya sufrido.
Por el niño que amé bajo tus ojos
y que nunca saliera de ti mismo,
por el laurel difunto que me diste
para que en mí elevara sombra y fruto,
este amargo poema en que recuerdo
la única posible coincidencia
que existió entre mi carne y mi destino.
Laurel de ángel, 1948
Margarita Michelena

A LAS PUERTAS DE SIÓN
J'attends une chose inconnue
Mallarmé
Ya sólo soy un poco de nostalgia que canta.
Y a tus puertas estoy como una piedra
gris en el lujo nítido de un prado.
No traje nada aquí ni dejo nada.
Tampoco sombra alguna ha descendido
de mis propias tinieblas y mis brazos.
Ninguna flor tomé sobre la tierra
para no encadenarme a su hermosura
ni por gracia mortal ser poseída.
No traigo ni el fantasma de un perfume
a tu jardín de límpidas esferas.
La soledad te traigo que me diste.
Óyeme aquí gemir, tu criatura
del exilio y del llanto.
Óyeme aquí, tu ciega enamorada
que su muerte muriendo sin morirse,
tu estrella ve temblando, suspendida,
desde el hundido túnel de su canto.
¿Cuándo enviarás mi sombra a devolverme?
¿Cuándo podré marchar hacia tus prados,
a tus puertas de oro,
cuándo por tus jardines apartados
iré ya sin muerte, ya robada
para el ancla vencida de mi polvo?
No más mi cuerpo ver, como un alcázar
de música ruinosa, ni la noche
circundando mi fiesta de amargura.
No más hablar de ti desde mi boca
que es sólo como muerte detenida,
no hablarte con mi voz, que se levanta
demorado desastre. Abre tus puertas
y ciega con la vista mis dos ojos.
Mátame de belleza, ya alcanzado
el gran callar hacia donde navega
la nave de nostalgia que es mi canto.
Deja que en este punto mi ceniza
se caiga desde mí, que me desnude
y me deje a tu orilla, consumada.
Que con brazos de amor —no los que tuve—
llegue por fin a la sortija de oro
con que al misterio ciñen tus murallas.
Laurel de ángel, 1948

Margarita Michelena

Sonata en la Tierra

... si la beauté n était déjà

la mort...

Mallarmé



Lenta y abandonada


a la oscura belleza de ti misma,
vena de sombra y claridad cantando,
música de esmeralda,
te miré respirando.

No eras la tristeza.
Sí la amorosa muerte.
La más plena hermosura.
La llama de tiniebla
y de frescura.



Desde ti conocía,
origen y diciembre de la rosa,
cima del agua y manantial del trino,
la nieve de mis huesos
y el destino.

Nunca a amor como el tuyo,
-panal de oscuro goce-
tuve el cuerpo rendido,
claustro de dulce hierba
y amoroso
desastre prometido.

Y mientras te miraba
con tu desnudo de árbol y neblina,
serena, reposando,
sentí que más allá de mi memoria
me estabas recobrando.

Más allá de mí misma,
de mi sangre en otoño
y más allá del nombre que tenía,
como a angustia y a origen
te quería.

Celda de amor y noche, ya guardabas
la juventud del tallo en que voy a salir.
Y yo era sólo un sueño y el deseo
de morir.

del poemario Reunión de Imágenes

Margarita Michelena


Atmósfera sin tiempo

Tú eres mi raiz.
La hoja eterna y fiel.
La que no emigra
de la difunta gracia de la rosa.

Tú eres algo idealmente muerto.
De ti asciende la fragancia purísima
de una existencia oculta.
Y así estás, detenido
en una atmósfera sin tiempo,
en el silencio de una antigua alcoba
llena de vírgenes
y un suavísimo aroma.

Mis labios son ahora
el radiante fantasma de los tuyos.
Y los toco a través de un espacio en el que giran
sistemas silenciosos
de racia y de misterio.

Estoy contigo, para siempre,
en medio de una celeste soledad
y el selvático río de mi sangre
se vuelve una constante y mansa devoción
y un rítmico homenaje.

Tú eres ya más que tú.
Una constelación de indecibles presencias.
Una voz que canta ya el tono
de las voces eternas.

Paraíso y nostalgía (1945)
Margarita Michelena




domingo, 13 de junio de 2010

Emily Dickinson

Emily Dickinson (EEUU, 1830-1886)

" Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,
no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,
sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite. "

Importante poetisa estadounidense creadora de una lírica excepcionalmente personal que trata con una gran inteligencia temas universales como el amor, la muerte y la inmortalidad. Nació el 10 de diciembre de 1830, en Amherst (Massachusetts), en el seno de una familia puritana y severamente religiosa que llevaba ocho generaciones viviendo en Nueva Inglaterra. Estudió en la academia de Amherst y en el seminario femenino de Mount Holyoke, South Hadley, en Massachusetts. Dickinson, que fue una joven activa y llena de vida se retiró de la sociedad a los 30 años y durante el resto de su vida vivió como una ermitaña, manteniéndose únicamente en contacto con amigos a través de sus enigmáticas y epigramáticas cartas.

Las razones que tradicionalmente se han dado sobre este aislamiento -que le daban arrebatos románticos- se cuestionan seriamente en la actualidad. A partir de entonces y hasta su muerte, Dickinson escribió una poesía muy original. La primera figura literaria de la época en darse cuenta de su valía como poetisa fue el clérigo y escritor Thomas Higginson, que a pesar de reconocer su genio y ser su único mentor literario y corresponsal le aconsejó no publicar su obra porque iba en contra de las convenciones literarias de la época. Sin embargo, su otra amistad literaria, la novelista Helen Jackson, intentó infructuosamente convencerla para que publicara un libro de poemas, y a pesar de que en vida sólo llegó a publicar siete, después de su muerte se encontraron entre sus papeles 2.000 poemas, algunos de los cuales sólo eran fragmentos. A partir de este material, Higginson y Mabel Loomis Todd, una amiga de Amherst, editaron la primera selección de su obras, Poemas (1890), que tuvo un gran éxito popular. Investigaciones recientes sugieren que hubo dos personas importantes en su vida que ejercieron cierta influencia en su poesía: Charles Wadsworth, un clérigo de Filadelfia, y Otis P. Lord, un amigo de su padre.

La mayoría de los poemas de Dickinson están escritos en unas pocas combinaciones de versos yámbicos de tres o cuatro pies, en breves estrofas. Varió los efectos de la rima empleando también rimas asonantes (por ejemplo, -tune- con -pain), un recurso muy utilizado por los poetas del siglo siguiente. Su lenguaje es sencillo, pero su sintaxis compleja dibuja una rica variedad de connotaciones a partir de palabras corrientes. Sus imágenes y metáforas derivan de una profunda observación de la naturaleza y de una imaginación a menudo tan juguetona en su pensamiento e ingeniosa en la expresión como la de los poetas Metafísicos ingleses del siglo XVII.

Las primeras ediciones eliminaron su uso característico de guiones que expresaban el ritmo y fuerza de su pensamiento. La combinación de temas universales expresados con un intenso sentimiento personal y su utilización de formas del verso familiares confieren a su poesía lírica una franqueza mística comparable a la que encontramos en la obra del poeta inglés William Blake. La edición completa de su poesía, con la puntuación y estilo tipográfico originales, no se publicó hasta 1960. En 1958 se publicó una edición en tres volúmenes de su correspondencia. Dickinson murió el 15 de mayo de 1886.

Información obtenida de: epdlp.com

Emily Dickinson, a tumba abierta articulo de prensa

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Repetir en nosotros renovados deleites


Repetir en nosotros
Renovados deleites
Es como un asesinato
Omnipotente, agudo.

No soltamos el puñal
Porque amamos la herida,
Ese puñal conmemora
Memorias que nos van matando.

Emily Dickinson


Ningún cepo puede torturar mi alma en libertad

Ningún cepo puede torturar
Mi alma en libertad,
Pues detrás de este esqueleto mortal
Se teje uno de más valor.

No puedes horadar con un serrucho
Ni transpasar con una cimitarra
Dos cuerpos, por lo tanto perdura,
Amarra uno y el otro vuela libre.

El águila no se despoja
De su nido y, sin embargo,
Gana en cielo
Más fácilmente que tú.

Excepto tú mismo, tal vez nadie pueda ser
Tu enemigo,
Cautividad es conciencia
Y también es libertad.

Emily Dickinson



Hay una languidez de la vida

Hay una languidez de la vida
Más inminente que la pena,
Es sucesora de la pena
Cuando el alma ha sufrido
Todo lo que puede.

Una somnolencia difusa,
Un ofuscamiento como neblina
Envuelve tu conciencia
Una neblina que conduce a un despeñadero.

El cirujano no se inmuta ante el dolor,
Su hábito es severo,
Pero él sabe que ha cesado de sentir
La criatura que yace ahí.

Y te dirá que la técnica tardó,
Que alguien más poderoso que él
Ha oficiado antes
Y ya no hay vitalidad.

Emily Dickinson

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar,
Solo mi amordazada boca puede decirlo,
Ensaya, trata de mover este horrible remache,
Ensaya, levanta su puedes aldabas de acero.

Acaricia la fría frente, antes ardiente,
Levanta, si quieres, el deslucido cabello,
Palpa los adamantinos dedos
Que ya nunca usarán dedal.

Emily Dickinson

Él era débil y yo era fuerte

Él era débil y yo era fuerte,
Después él dejó que yo le hiciera pasar
Y entonces yo era débil y él era fuerte,
Y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
Tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
No hanía ruido, él no dijo nada,
Y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
Ahora ninguno de los dos era más fuerte,
Él luchó, yo también luché,
¡Pero no lo hicimos a pesar de todo!.

Emily Dickinson

Para siempre a su lado caminar

Para siempre a su lado caminar,
Lo más pequeño de nosotros dos.
Cerebro de su cerebro
Y sangre de su sangre,
Dos vidas y un solo ser.

Para siempre probar este destino,
Si es dolor, la mayor parte,
Si es dicha, entregar mi parte
Por ese anhelado corazón.

Toda una vida para conocernos el uno al otro,
A quien nunca podremos conocer,
Y de vez en cuando un cambio
Llamado cielo,
Raptos confraternizados de hombres
Solo para descubrir lo que nos perturbaba,
Sin palabras.

Emily Dickinson


Si tus nervios te delatan

Si tus nervios te delatan
Vive por encima de tus nervios,
Ellos pueden apoyarse sobre la tumba
Si temen desviarse.

Es una postura segura,
Que no se dobla,
Sostenida por brazos de bronce
Que el mejor gigante hizo.

Si tu alma vaciló,
Levanta la puerta carnal,
El miedoso pide oxígeno,
No pide nada más.

Emily Dickinson


Cayeron como copos, cayeron como estrellas

Cayeron como copos,
Cayeron como estrellas,
Como pétalos de una rosa
Cuando de pronto a través de Junio
Un viento con dedos avanza.

Perecieron en el pasto desarraigado,
Nadie pudo hallar el lugar exacto
Pero Dios puede conovocar cada faz
En su lista de abolidos.

Emily Dickinson

La sortija ya no estaba

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido, bello.
Y me dormí sobre la suave hierba.

Al despertar miré sobresaltada
Mi mano pura en aquella tarde clara.
La sortija entre mis dedos ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
Es sólo un recuerdo de color dorado.

Emily Dickinson


Cuando cuento las semillas

Cuando cuento las semillas
Sembradas allá abajo
Para florecer así, lado a lado;

Cuando examino a la gente
Que tan bajo yace
Para llegar tan alto;

Cuando creo que el jardín
Que no verán los mortales
Siega el azar sus capullos
Y sortea a esta abeja...
Puedo prescindir del verano, sin queja.

Emily Dickinson


Como si yo pidiera limosna común

¡Como si yo pidiera limosna común
Y en mi suplicante mano
Un extraño pusiera un reino
Y yo, perpleja, quedara
Como si hubiera pedido a Oriente
Que me mandara una mañana
Y que levantara su purpúrea barrera
Y destrozarme con el alba!.

Emily Dickinson


Nunca me sentí en mi casa aquí

Nunca me sentí en mi casa aquí
Y en el cielo radiante
No me sentiré en mi casa, lo sé,
No me gusta el Paraíso.

Porque es domingo todo el tiempo,
El recreo nunca llega,
En el Edén serán tan solitarias
Las brillantes tardes del miércoles.

Si Dios pudiera hacer una visita
O dormir una siestita
Para no vernos... pero dicen
Que Él mismo es un telescopio

Pernenner que nos mira,
Yo misma huiría de Él
Y de todo lo demás,
Si, pero está el ¡Día del Juicio Final!.

Emily Dickinson


Como ojos que miran las basuras

Como ojos que miran las basuras
Incrédulos de todo
Salvo del vacío, y quieta soledad
Diversificada por la noche

Sólo infinitos de la nada
Tan lejos como podía ver
Así era la cara que yo miré
Así miró ella misma a la mía

No le ofrecí ninguna ayuda
Porque la pena era mía
La miseria densa y tan compacta
Tan desesperanzada como divina

Ninguna se absolvería
Ninguna sería una reina
Sin la otra, de modo que
Aunque reinemos, pereceremos.

Emily Dickinson