Bienvenid@

Bienvenido a este espacio dedicado a los poetas y a la poesía

lunes, 14 de junio de 2010

Margarita Michelena


Margarita Michelena (Pachuca de Soto (Hidalgo), 21 de julio de 1917 - México, D. F., 27 de marzo de 1998) fue una poeta, crítica literaria y periodista mexicana, considerada por muchos como la mejor y más culta escritora del siglo XX.
La escritora, traductora y periodista Margarita Michelena nació el 21 de julio de 1917 en la ciudad de Pachuca, capital del estado de Hidalgo. Estudió la carrera de letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Trabajó como guionista de la estación radiofónica XEW, colaboró en las revistas América, Examen, Pájaro Cascabel, en el suplemento México en la Cultura del diario Novedades, en la revista América publicada por la Unión Panamericana de Washington, también trabajó para la Casa de la Cultura de Ecuador.

Hasta 1962 fue directora de la revista literaria El libro y el pueblo, editado por la Secretaría de Educación Pública (SEP), después de esto realizó el estudio sobre novela y cuento mexicanos para el número monográfico de Messico, publicado por Centro de Acción Latina de Roma.
Dirigió la revista política Respuesta y en 1967 estuvo a cargo del departamento de prensa de la Dirección General de Información del Departamento de Turismo. En 1978 doña Margarita pensando en las mujeres reunió a varias escritoras y periodistas para crear el primer diario a nivel mundial elaborado exclusivamente para mujeres. Este sueño fue hecho realidad en 1980 al aparecer Cotidiano, cuyo lema es "La expresión de la mujer en la noticia", sin una publicación feminista su principal objetivo fue dar a conocer las noticias desde el punto de vista femenino. La señora Michelena asumió la dirección del mismo.

También colaboró para el periódico Excelsior y para la revista Siempre y a partir de 1980 dirigió el suplemento cultural de la misma revista titulado La cultura en México.

Sobre sus creaciones literarias Octavio Paz señaló que “sus poemas son cristalizaciones transparentes, poemas bien plantados en la tierra, pero movidos por una misteriosa voluntad de vuelo”; ella misma afirmaba que su poesía era ontológica, dirigida al ser humano y hecha por un ser humano.
La obra poética de doña Margarita Michelena ha sido publicada en los poemarios: Paraíso y nostalgia (1945), Laurel del ángel (1948), Tres poemas y una nota autobiográfica (1963), La tristeza terrestre (1954), El país más allá de la niebla (1969) y Reunión de imágenes (antología,1969).

Los últimos años de su vida la aquejó una enfermedad que le produjo parálisis facial. Doña Margarita Michelena murió en la ciudad de México en el año de 1998.
Información obtenida de Instituto mexicano de la radio, Insituto nacional de mujeres, Mexico.


------------------------------
A TI, ROSAL, NEVADO POR LA CIMA
A ti, rosal, nevado por la cima
de hielo ligerísimo,
a ti, que en el rigor abres tu rosa
póstuma, desplegada
sobre tu vago verde, y que la agitas
como una carta del verano ausente.
A ti, esbeltez intrépida, que subes
para estallar de tu mudez de espinas
hasta tu coro de dispersa nieve,
para mecer y para orear tu viaje,
en ésa tu paloma de alas quietas,
bajel de suavidad, vuelo de espumas.
Para ti, que contigo la trajiste,
que la sacaste de la tierra oscura
como si nos subieras un diamante.
Para ti, que una noche la tuviste
en soledad, como se tiene un sueño,
y luego, bajo el sol, su puerta abriste
igual que desatando
una celeste voz en tus espinas,
lo mismo que si anclaras
una pequeña nube en tus orillas.
Para ti, tesorero de la nieve,
silencioso arquitecto de la espuma,
este poema de este triste día.
Es que hablándote así, del frágil tallo
hundido y doloroso de mi voz,
desde mi noche que olvidó su estrella,
desde mi soledad, desde mi enero
y su granizo y sus perdidas aves,
me parece, loándote en la gloria
tardía y denotada en que terminas,
que, como tú, levanto yo una rosa.
Laurel de ángel, 1948
Margarita Michelena

POR EL LAUREL DIFUNTO
Aquí estás, en la tierra que me duele
por la corola abierta y emigrada
y justo en el invierno que atravieso
para ir de mi dolor a mis palabras.
Mira aquí, en la tiniebla que te sigue,
tu desolado rostro y estas lágrimas,
tan hondas que te brotan inconclusas
y te llenan de estrellas desgarradas.
Debajo de tu piel hay como un niño
que no salió a la sombra de los árboles
ni sintió la dulzura con que instala
su dolor y su júbilo la sangre.
Y es así que en tu voz, donde naufragan
los pájaros no vistos, los cristales
de corriente y de música negadas,
algo que duele —fracasado y tierno—
no se puede morir, siempre se queda
tal como en la estatura de la ola,
coronada de espumas y de espacios,
dulcísimo y menor se escucha siempre
el lírico metal de las arenas.
Yo te he amado en la sombra
de mi predio espantable y transitorio.
Mas no con brazos de mujer te he amado,
ni con los dedos de esperanza y hambre
que tejen mi tapiz, mientras desciende
sobre mi sol desértico el eclipse
del ala que me falta y vuelve el ángel:
con el dolor te amé de ver un río
ausente de su cauce.
No nos une en el tiempo sino un llanto
que no tuvo garganta en que alojarse
y la tibia estación de una caricia
de cuyas manos vi la arquitectura
adentro de mí misma desplomarse.
Esa ceniza de alguien que no vino,
a quien no pude dar el minucioso
labrado de su voz y su columna,
ese entrañable muerto de mí misma
cuyo nombre no sé ni sé su rostro,
es la madera impar de este naufragio
y nada más la huella de nosotros.
Eres toda la tierra que contengo,
todo el dolor mortal que haya sufrido.
Por el niño que amé bajo tus ojos
y que nunca saliera de ti mismo,
por el laurel difunto que me diste
para que en mí elevara sombra y fruto,
este amargo poema en que recuerdo
la única posible coincidencia
que existió entre mi carne y mi destino.
Laurel de ángel, 1948
Margarita Michelena

A LAS PUERTAS DE SIÓN
J'attends une chose inconnue
Mallarmé
Ya sólo soy un poco de nostalgia que canta.
Y a tus puertas estoy como una piedra
gris en el lujo nítido de un prado.
No traje nada aquí ni dejo nada.
Tampoco sombra alguna ha descendido
de mis propias tinieblas y mis brazos.
Ninguna flor tomé sobre la tierra
para no encadenarme a su hermosura
ni por gracia mortal ser poseída.
No traigo ni el fantasma de un perfume
a tu jardín de límpidas esferas.
La soledad te traigo que me diste.
Óyeme aquí gemir, tu criatura
del exilio y del llanto.
Óyeme aquí, tu ciega enamorada
que su muerte muriendo sin morirse,
tu estrella ve temblando, suspendida,
desde el hundido túnel de su canto.
¿Cuándo enviarás mi sombra a devolverme?
¿Cuándo podré marchar hacia tus prados,
a tus puertas de oro,
cuándo por tus jardines apartados
iré ya sin muerte, ya robada
para el ancla vencida de mi polvo?
No más mi cuerpo ver, como un alcázar
de música ruinosa, ni la noche
circundando mi fiesta de amargura.
No más hablar de ti desde mi boca
que es sólo como muerte detenida,
no hablarte con mi voz, que se levanta
demorado desastre. Abre tus puertas
y ciega con la vista mis dos ojos.
Mátame de belleza, ya alcanzado
el gran callar hacia donde navega
la nave de nostalgia que es mi canto.
Deja que en este punto mi ceniza
se caiga desde mí, que me desnude
y me deje a tu orilla, consumada.
Que con brazos de amor —no los que tuve—
llegue por fin a la sortija de oro
con que al misterio ciñen tus murallas.
Laurel de ángel, 1948

Margarita Michelena

Sonata en la Tierra

... si la beauté n était déjà

la mort...

Mallarmé



Lenta y abandonada


a la oscura belleza de ti misma,
vena de sombra y claridad cantando,
música de esmeralda,
te miré respirando.

No eras la tristeza.
Sí la amorosa muerte.
La más plena hermosura.
La llama de tiniebla
y de frescura.



Desde ti conocía,
origen y diciembre de la rosa,
cima del agua y manantial del trino,
la nieve de mis huesos
y el destino.

Nunca a amor como el tuyo,
-panal de oscuro goce-
tuve el cuerpo rendido,
claustro de dulce hierba
y amoroso
desastre prometido.

Y mientras te miraba
con tu desnudo de árbol y neblina,
serena, reposando,
sentí que más allá de mi memoria
me estabas recobrando.

Más allá de mí misma,
de mi sangre en otoño
y más allá del nombre que tenía,
como a angustia y a origen
te quería.

Celda de amor y noche, ya guardabas
la juventud del tallo en que voy a salir.
Y yo era sólo un sueño y el deseo
de morir.

del poemario Reunión de Imágenes

Margarita Michelena


Atmósfera sin tiempo

Tú eres mi raiz.
La hoja eterna y fiel.
La que no emigra
de la difunta gracia de la rosa.

Tú eres algo idealmente muerto.
De ti asciende la fragancia purísima
de una existencia oculta.
Y así estás, detenido
en una atmósfera sin tiempo,
en el silencio de una antigua alcoba
llena de vírgenes
y un suavísimo aroma.

Mis labios son ahora
el radiante fantasma de los tuyos.
Y los toco a través de un espacio en el que giran
sistemas silenciosos
de racia y de misterio.

Estoy contigo, para siempre,
en medio de una celeste soledad
y el selvático río de mi sangre
se vuelve una constante y mansa devoción
y un rítmico homenaje.

Tú eres ya más que tú.
Una constelación de indecibles presencias.
Una voz que canta ya el tono
de las voces eternas.

Paraíso y nostalgía (1945)
Margarita Michelena




domingo, 13 de junio de 2010

Emily Dickinson

Emily Dickinson (EEUU, 1830-1886)

" Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,
no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,
sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite. "

Importante poetisa estadounidense creadora de una lírica excepcionalmente personal que trata con una gran inteligencia temas universales como el amor, la muerte y la inmortalidad. Nació el 10 de diciembre de 1830, en Amherst (Massachusetts), en el seno de una familia puritana y severamente religiosa que llevaba ocho generaciones viviendo en Nueva Inglaterra. Estudió en la academia de Amherst y en el seminario femenino de Mount Holyoke, South Hadley, en Massachusetts. Dickinson, que fue una joven activa y llena de vida se retiró de la sociedad a los 30 años y durante el resto de su vida vivió como una ermitaña, manteniéndose únicamente en contacto con amigos a través de sus enigmáticas y epigramáticas cartas.

Las razones que tradicionalmente se han dado sobre este aislamiento -que le daban arrebatos románticos- se cuestionan seriamente en la actualidad. A partir de entonces y hasta su muerte, Dickinson escribió una poesía muy original. La primera figura literaria de la época en darse cuenta de su valía como poetisa fue el clérigo y escritor Thomas Higginson, que a pesar de reconocer su genio y ser su único mentor literario y corresponsal le aconsejó no publicar su obra porque iba en contra de las convenciones literarias de la época. Sin embargo, su otra amistad literaria, la novelista Helen Jackson, intentó infructuosamente convencerla para que publicara un libro de poemas, y a pesar de que en vida sólo llegó a publicar siete, después de su muerte se encontraron entre sus papeles 2.000 poemas, algunos de los cuales sólo eran fragmentos. A partir de este material, Higginson y Mabel Loomis Todd, una amiga de Amherst, editaron la primera selección de su obras, Poemas (1890), que tuvo un gran éxito popular. Investigaciones recientes sugieren que hubo dos personas importantes en su vida que ejercieron cierta influencia en su poesía: Charles Wadsworth, un clérigo de Filadelfia, y Otis P. Lord, un amigo de su padre.

La mayoría de los poemas de Dickinson están escritos en unas pocas combinaciones de versos yámbicos de tres o cuatro pies, en breves estrofas. Varió los efectos de la rima empleando también rimas asonantes (por ejemplo, -tune- con -pain), un recurso muy utilizado por los poetas del siglo siguiente. Su lenguaje es sencillo, pero su sintaxis compleja dibuja una rica variedad de connotaciones a partir de palabras corrientes. Sus imágenes y metáforas derivan de una profunda observación de la naturaleza y de una imaginación a menudo tan juguetona en su pensamiento e ingeniosa en la expresión como la de los poetas Metafísicos ingleses del siglo XVII.

Las primeras ediciones eliminaron su uso característico de guiones que expresaban el ritmo y fuerza de su pensamiento. La combinación de temas universales expresados con un intenso sentimiento personal y su utilización de formas del verso familiares confieren a su poesía lírica una franqueza mística comparable a la que encontramos en la obra del poeta inglés William Blake. La edición completa de su poesía, con la puntuación y estilo tipográfico originales, no se publicó hasta 1960. En 1958 se publicó una edición en tres volúmenes de su correspondencia. Dickinson murió el 15 de mayo de 1886.

Información obtenida de: epdlp.com

Emily Dickinson, a tumba abierta articulo de prensa

----------------------------------

Repetir en nosotros renovados deleites


Repetir en nosotros
Renovados deleites
Es como un asesinato
Omnipotente, agudo.

No soltamos el puñal
Porque amamos la herida,
Ese puñal conmemora
Memorias que nos van matando.

Emily Dickinson


Ningún cepo puede torturar mi alma en libertad

Ningún cepo puede torturar
Mi alma en libertad,
Pues detrás de este esqueleto mortal
Se teje uno de más valor.

No puedes horadar con un serrucho
Ni transpasar con una cimitarra
Dos cuerpos, por lo tanto perdura,
Amarra uno y el otro vuela libre.

El águila no se despoja
De su nido y, sin embargo,
Gana en cielo
Más fácilmente que tú.

Excepto tú mismo, tal vez nadie pueda ser
Tu enemigo,
Cautividad es conciencia
Y también es libertad.

Emily Dickinson



Hay una languidez de la vida

Hay una languidez de la vida
Más inminente que la pena,
Es sucesora de la pena
Cuando el alma ha sufrido
Todo lo que puede.

Una somnolencia difusa,
Un ofuscamiento como neblina
Envuelve tu conciencia
Una neblina que conduce a un despeñadero.

El cirujano no se inmuta ante el dolor,
Su hábito es severo,
Pero él sabe que ha cesado de sentir
La criatura que yace ahí.

Y te dirá que la técnica tardó,
Que alguien más poderoso que él
Ha oficiado antes
Y ya no hay vitalidad.

Emily Dickinson

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar,
Solo mi amordazada boca puede decirlo,
Ensaya, trata de mover este horrible remache,
Ensaya, levanta su puedes aldabas de acero.

Acaricia la fría frente, antes ardiente,
Levanta, si quieres, el deslucido cabello,
Palpa los adamantinos dedos
Que ya nunca usarán dedal.

Emily Dickinson

Él era débil y yo era fuerte

Él era débil y yo era fuerte,
Después él dejó que yo le hiciera pasar
Y entonces yo era débil y él era fuerte,
Y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
Tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
No hanía ruido, él no dijo nada,
Y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
Ahora ninguno de los dos era más fuerte,
Él luchó, yo también luché,
¡Pero no lo hicimos a pesar de todo!.

Emily Dickinson

Para siempre a su lado caminar

Para siempre a su lado caminar,
Lo más pequeño de nosotros dos.
Cerebro de su cerebro
Y sangre de su sangre,
Dos vidas y un solo ser.

Para siempre probar este destino,
Si es dolor, la mayor parte,
Si es dicha, entregar mi parte
Por ese anhelado corazón.

Toda una vida para conocernos el uno al otro,
A quien nunca podremos conocer,
Y de vez en cuando un cambio
Llamado cielo,
Raptos confraternizados de hombres
Solo para descubrir lo que nos perturbaba,
Sin palabras.

Emily Dickinson


Si tus nervios te delatan

Si tus nervios te delatan
Vive por encima de tus nervios,
Ellos pueden apoyarse sobre la tumba
Si temen desviarse.

Es una postura segura,
Que no se dobla,
Sostenida por brazos de bronce
Que el mejor gigante hizo.

Si tu alma vaciló,
Levanta la puerta carnal,
El miedoso pide oxígeno,
No pide nada más.

Emily Dickinson


Cayeron como copos, cayeron como estrellas

Cayeron como copos,
Cayeron como estrellas,
Como pétalos de una rosa
Cuando de pronto a través de Junio
Un viento con dedos avanza.

Perecieron en el pasto desarraigado,
Nadie pudo hallar el lugar exacto
Pero Dios puede conovocar cada faz
En su lista de abolidos.

Emily Dickinson

La sortija ya no estaba

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido, bello.
Y me dormí sobre la suave hierba.

Al despertar miré sobresaltada
Mi mano pura en aquella tarde clara.
La sortija entre mis dedos ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
Es sólo un recuerdo de color dorado.

Emily Dickinson


Cuando cuento las semillas

Cuando cuento las semillas
Sembradas allá abajo
Para florecer así, lado a lado;

Cuando examino a la gente
Que tan bajo yace
Para llegar tan alto;

Cuando creo que el jardín
Que no verán los mortales
Siega el azar sus capullos
Y sortea a esta abeja...
Puedo prescindir del verano, sin queja.

Emily Dickinson


Como si yo pidiera limosna común

¡Como si yo pidiera limosna común
Y en mi suplicante mano
Un extraño pusiera un reino
Y yo, perpleja, quedara
Como si hubiera pedido a Oriente
Que me mandara una mañana
Y que levantara su purpúrea barrera
Y destrozarme con el alba!.

Emily Dickinson


Nunca me sentí en mi casa aquí

Nunca me sentí en mi casa aquí
Y en el cielo radiante
No me sentiré en mi casa, lo sé,
No me gusta el Paraíso.

Porque es domingo todo el tiempo,
El recreo nunca llega,
En el Edén serán tan solitarias
Las brillantes tardes del miércoles.

Si Dios pudiera hacer una visita
O dormir una siestita
Para no vernos... pero dicen
Que Él mismo es un telescopio

Pernenner que nos mira,
Yo misma huiría de Él
Y de todo lo demás,
Si, pero está el ¡Día del Juicio Final!.

Emily Dickinson


Como ojos que miran las basuras

Como ojos que miran las basuras
Incrédulos de todo
Salvo del vacío, y quieta soledad
Diversificada por la noche

Sólo infinitos de la nada
Tan lejos como podía ver
Así era la cara que yo miré
Así miró ella misma a la mía

No le ofrecí ninguna ayuda
Porque la pena era mía
La miseria densa y tan compacta
Tan desesperanzada como divina

Ninguna se absolvería
Ninguna sería una reina
Sin la otra, de modo que
Aunque reinemos, pereceremos.

Emily Dickinson

Pureza Canelo

Pureza Canelo. Poeta española nacida en Moraleja, Cáceres, en 1946. Pasó su infancia y adolescencia en el ambiente rural de su pueblo nativo. Hizo estudios de Técnico de Información y Turismo, luego de Magisterio. Ha ocupado importantes cargos culturales, tales como, Jefe de la Oficina de Actividades Culturales de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro del jurado del Premio Adonais desde 1990, y Directora de la Fundación Gerardo Diego. Pero Pureza Canelo es fundamentalmente escritora, y vive y respira desde muy joven para la poesía. Y con sorprendente éxito inicial: Su primer libro, Celda verde (1971), que recoge poemas escritos de los 16 a los 20 años, fue publicado por la Editora Nacional, y su segundo libro, Lugar común, había obtenido el premio Adonais de 1970, con apenas 24 años: era la segunda mujer que lo recibía. Esta etapa inicial se completó con El barco de agua en 1974. Toda ella rezuma niñez y adolescencia, sus veranos en el pueblo extremeño a donde volvía de vacaciones después del curso en Salamanca, en Madrid.

A su hermano Luis, pintor, le dijo en un poema de Lugar común: «Tu pincel vive del verano, y mi verso también. » Y en otro verso del mismo poemario explicó:
«Me acuerdo de cosas bajándose por el olvido».

Creó en 1977 el Aula de Cultura y Biblioteca Pública de Moraleja y que ha dedicado a su pueblo natal, al margen de sus poemas, un entrañable libro editado por la Biblioteca que lleva su nombre.
Entre sus éxitos iniciales hay uno que concierne a esta casa. En 1975 obtuvo una de las Becas March de creación literaria con un proyecto poético titulado Habitable (Primera poética), que publicó al fin en 1979: Este, y los siguientes libros, en los que no cesa el recuerdo de su niñez y mocedad, están volcados en una persistente y original reflexión sobre la materia poética, es poesía sobre poesía, metapoesía: como ha dicho ella misma, «verso que habla del verso, poema que habla del poema, libro que habla de su corpus». Volverá a ello en Tendido verso (Segunda poética), aparente incursión en la prosa poética o en el verso en prosa, pero que no es sino «poema derramado», extendido, tendido (1986); también hay algo de metapoesía en un libro eminentemente amoroso, Pasión inédita (1990), y otra vez de lleno en Tiempo y espacio de emoción (1994), un breve poemario de 1981 en el que ensaya no su corrección sino su reescritura diez años más tarde: sería su tercera poética. Tras amplio silencio, en 1999 obtenía el II premio Ciudad de Salamanca con No escribir, su cuarta poética, en la que analiza precisamente el silencio, no sólo el suyo en esos años pasados y lo que significa, sino el que se deriva de la insuficiencia de la palabra para captar lo poético.

En 1982 disfruta de una beca similar otorgada por el Ministerio de Cultura. Coordina en 1993 la celebración nacional del Medio Siglo de la Colección Adonais, así como el I Centenario del poeta Gerardo Diego en 1996. Además del Adonais, ha sido galardonada con los premios de poesía «Juan Ramón Jiménez» (1980) del Instituto Nacional del Libro Español y «Ciudad de Salamanca» (1998). Su obra ha sido traducida ampliamente al inglés y al alemán. Impulsora de colecciones poéticas desde mediados de los setenta, dedica un tiempo importante a la gestión de actividades en el ámbito de la comunidad científica y universitaria. Desde 1999 es Directora Gerente de la Fundación Gerardo Diego, que refundó ese mismo año junto con Elena Diego. El 15 de mayo de 2007 firma la escritura de donación de su Archivo y Biblioteca particular al Archivo-Biblioteca de la Diputación Provincial de Cáceres. En 2008 recibe la Medalla de Extremadura como reconocimiento a su obra literaria.


Entre sus títulos más destacados figuran Celda verde (1971), Lugar común (1971), El barco de agua (1974), Habitable (Primera poética) (1979), Tendido verso (Segunda poética) (1986), Pasión inédita (1990), Moraleja (1995), No escribir (1999), Dulce nadie (2008), Poética y Poesía (2008).


Información obtenida de: Diputación de Cáceres.

------------------------



Agua Dulce

Nunca hubiera adivinado que un amor
fuera la corriente más subterránea
sin escaparse
que va del tibio heno a un pozo
y de ahí empedrada a los huertos
sin dividirse
pero yo sí ante tu acecho
y este poema
que no acierta a explicarse mejor.

Corriente de agua dulce
en las tardes de agosto
no vayas por el agua
al pozo…
Se escribe así en el viento
una cultura detrás del amor
nacida en los campanarios
empujando suertes, ventanas
de la aldea interior
que es una mirada a la boca
trenzados frente a frente.

En el pozo andamos.
Mi saya tirando a selva
Tu camisa a juego oscura
Mi pie todavía calzado
Tu cuello abierto de mil troncos
Esta mano qué sorpresa sin anillo.
Las tuyas ayudando a sacar agua.

Del pozo me quiero ir
sin escaparme.
El busto atardecer
desconocía si esto era amor
o dulce trampa
que tira su moneda
sin dividirme
al fondo de las aguas.
Ay, la saya nueva
y camisa a rayas
flotan abrazando
el cielo, el limo puro
que del heno a un pozo
ya no saben regresar
a casa.
Y Dios arriba, abajo
empapado también
en dulce trampa
hace de una mujer aldea
este poema
que no acierta a explicartse mejor.

De “Pasión inédita”

Pureza Canelo




Como Octubre Disponga

No más refugio
que la faz de mis brazos
si nos entra el otoño
desgajando
lo que al viento apetece
en su alfombra de bosque
y cuerpo a tIerra.

Mírame.
Otoño aún no somos en años
pero cuando él se nos acerca
hay que extender la batalla real
de los buenos amantes
en el recuento las hojas
de infinitos sabores ocres.

Mírame, y
hagamos la abundancia
a ras de nuestro suelo.
La variedad de un amor
es sepultar la inteligencia
entre los cuerpos.
No conozco otro refugio
ni mejor temperatura.

Sólo que estoy adivinando
cómo será el Otoño
nuestras vidas
de verdad calzadas en su estación
y otra vez
el nacimiento de amarse
la pasión inédita
que alumbrará mis versos.

Debo callar.
Ahora vamonos
a lo único
que del lento mudar
es ocre, ocres
como la alfombra disponga
tú y yo
obligando a trabajar
un viento revelación
lo más humano
para empujar las lumbres
bien cernida la noche.

De “Pasión inédita”

Pureza Canelo



Escribo Y Apareces Siempre

Este amor ¿canta o atestigua?
¿Confesión o hilos invisibles
sueño o verdad
la luz que visita
para hacerse vestido
tantos como mundos
que en este hermoso oficio
yo procuro?

Espiando tú mi pensamiento
aventuras:
canto y testimonio
no pueden separar
ave sobre velero
en el dominio mar y
siempre pagarás ser dueña
pues de agua llamaste un barco
que obedece.
No estoy conforme. Mira el ancho
de los versos:
Te amo bajo los astros
(testimonio sería)
o
Estamos abrazando al mundo
(canto parece).

Y te acercas a la mesa
para decirme
no pierdas más tiempo
de tus manos que escriben
cosa mejor conmigo
ni busques más amparo
que el de tu voz nunca indecisa
ni temerosa al lado de tu amor
que sabe el movimiento puro
del zarpazo cuando habitas
un rostro de escribiente
que me parece abismo
si acerco tu cintura
clavada en esta sala.
Ven, tu poema mejor
es el mío, lo mío, la esfera.

La presa en tus brazos
¿será este libro
puntada de la sangre
fisura del pensamiento
camino de sencillez
amor crecido las estrellas
pegadas a mi cuerpo
egoísmo salvación
condena manzana dulce?

De “Pasión inédita”


Pureza Canelo




El pozo

La enramada más honda es esa verja
donde te subes para mirar
que ando descalza que ordenando voy
algunos pensamientos a flor de piel,
que sólo llevo puesto ojos ausentes
y la ropa tirada junto a un pozo
donde antes tú me has amado
y antes de haberme amado
yo sabía que lo harías
de tu pecho expuesto al mío.

¿Cuántas algas vuelven
a convertirse en roce arenas
si los orígenes del mundo
quedan atrapados en tus ojos
y es verdad la sal de la tierra
como también es lo de la miel
hilándome la boca?
Toda joya con engarce es un nido
ardiendo pero que asilvestrado
conoce el marino punto
donde aparecen olas para sofocar
el instante cuando los espejos
chocan en pleno vuelo chocan
sin romperse pero sí el aire
que ha perdido esencia ante
nuestro único cuerpo.

Debes acordarte siempre
de enramada, pozo, espejo
algas, brocal de haberte amado
y yo olvidar sabiduría, poema,
que no valen para nada
si me has rodeado de tu fuerza
igual que decides mi cuerpo
más esbelto a pesar de los años
que no sólo pasea la mujer por dentro
sino la mujer de luna
bien entrada en lugar creciente.

De “Pasión inédita”


Pureza Canelo


La carta, el beso

Llega una carta y rompe abre
la mañana en mis verdes ojos.
Ha llegado después
del cántaro de leche
de la cesta con higos
y otra sombra que cruzó
con oveja merendera y juncos
recién cortados
el portal de mi casa todavía
en la frescura del valle.

Deseando que buscara el sol
la ventana, el beso dice:
Te imagino quieta
es tan hermoso el existir
ofreciendo tempranura al mundo
espesada en el lecho
porque no estoy ahí
Mira que sin estarlo
sé cómo andas de transparencia
y fruta,
cómo endulzas ya tu amanecida
en la boca
y sé que en tu costura va este poema
escrito en el instante
que relees mi carta, tan firme como
mueves el brazo que yo amo
el café que sorbes pero te equivocas
que estoy bebiéndome aquí
insistencia de tu mirada
contra la distancia quiébrala
y sigue.

Ah, la distancia y su isla
es el lugar más oculto
que el amante ofrece cautivo
con su cuerpo y beso en tierra.
La distancia es una charca
cercada de pasto amarillo y antiguo
que ahora mismo se la regalo al mundo
con la belleza primera de los siglos.
La distancia es no morir de sed
sino de bebiéndola vivirte
si madruga el amor en el verde cristal
los abiertos brazos
que se han puesto a trabajar deprisa
con el rayo de sol, la carta, aquí el beso
y ya te alcanz0.
Sabes que te alcanzo miwntras tenga
silencio de amarte, no en papel
en sábana bordada con una estrella
y su número pegado a los otoños
Mañana es siempre
planeando sobre mi casa todavía
en la frescura del valle.


De: Pasión inédita


Pureza Canelo

Noviembre

Antes de que llegaras
abriendo el cielo de mi vida
la poetisa hacía cosas extrañas.
Era la soledad, era el decoro, era
la inteligencia sobre asno de plata.
Un asno hermoso, cristal tapiado
que iba empujando su estatura
para la caverna del poema
y sólo él.

Atrevimiento, apareciste
un día cargado de noviembre.
Llegué a la cita como en los tiempos
mejores de mi infancia, ajena
chorreando el pelo y la cartera
hasta el sillón color azul
donde aguardabas.

Sorpresa:
esta mujer además de insobornable
esquiva -dicen que dicen dicen-
viene impresentable al salón, mojada.

Corría la tarde por nuestros vasos y
extraño que atendiera a palabras
de creación mundo que no fueran
las de mi bien atesorado asno.
De pronto en tal anchura
supongo que inocente
sin darme tiempo a ver paisaje
que hoy ya es nuestro
entré en tus grandes ojos
que iban tragándose los míos
en el comienzo de dos asaltos
vertiginosos de otra
nueva inteligencia.

Ni un roce de las manos hubo
ni billar ni baratarias
que tan deprisa empujan a los cuerpos
a contagiarse en nada.
Solamente nacían bajo las nubes
torrenciales de noviembre puro
dos rostros desesperados de perderse
echando por tierra sus antiguos
dominios
para un asno de plata atar
ya un bronce tu cabeza.

Ya fuera del lugar
me daba vueltas el mundo
daba placer cruzar la esquina
de otra soledad, otro decoro, otra
boca a recibir el agua
del cielo como agua del barro
de la noche entera.
En casa, perdida, como jamás estuve
no pude ordenar mi ropa
ni dar cuerda al reloj
ni adelantar la taza para mañana
ni ofrecer liturgia en el espejo.
Directamente me abracé
a la blancura de un bordado
que decía P.C.G.

De “Pasión inédita”


Pureza Canelo




Hojas, hojas


En la almena dorada del atardecer
donde relata mi cuello punzada
comprime ahí la vena su aroma
y la oración en silencio mece
Tú eres capitán de los pájaros
llegando interminables a la hiedra
que durante el día estuvo en vilo.
Alguna rama se me adelanta al rostro
y con la mano aparto el verde oscuro
buscándote donde enloquecen las aves
al entrar en sus casas.
Gritadoras vienen de los álamos
cada día más hondos de estatura
copa, ser que en lo alto vive.
Crepúsculo y es la desbandada
el adiós a la luz hermosa
hermana temperatura en sangre
pulso que vas a beber si antojas.
Por eso los pájaros se creen
-mía es toda la casa de hiedra-
tu fuerza de capitán abriendo
con el pecho semillas entre la cal
atravesando hojas, hojas
que en próximo minuto cogerán
el color de incendio.

Arriba de la almena, picos mirad
se están amando hiedra y mar
ballesta y cielo
jefe y alondra
todos los picos, mirad
mis alas batiéndose en vuestro oeste
tan cerquita de Portugal.

Pureza Canelo



Estanque De Abril

¿Eres tú
o soy yo
Narciso?
Dejemos de beber en esa fuente
y vamos al regazo, amor mío
destapando la esencia
cuerpo a cuerpo no borroso
del tiempo sin fisura
ni compasión por los mortales
ajenos a la enorme
conversación de cuando se ama
en la vecindad de sus casas
cruzándonos la selva
de la tierra magnífica.

¿Eres tú
o soy yo
la maravilla
al fondo?
Si te duermes abandonarás
la poesía de mi estanque
la poesía del recuento
la poesía nido en alto
la poesía del rayo abril
la del tesoro cuando
se desgranan las horas
de tu boca
en mi ser como castigo.

Si tu cuerpo
oprime mi pensamiento
escribo lo mismo
de la travesía
y dudo si es amanecer
o si es noche, mediodía
crepúsculo pero sí hace
sabe a amor.

De “Pasión inédita”

Pureza Canelo




En El Lugar Que Más Nací

Caída de la tarde
de dos almas
en la revuelta
de nuestro camino
izándose la noche.
Pasado mañana luna llena
y la acequia rodeando
la parra techo hermano
de la penumbra creciente.
¿Qué haces tú en esta tierra
ofrecida a zarzales, moscas
cubos de zinc, higueras
planicie de fuego
donde yo sé moverme
y tú abres los ojos
de tanto ruido y pan
en las cocinas?

¿Qué puedo hacer contigo
y comprendas de una vez
en el lugar que más nací
a pesar de la bandera
de ciudad que me viste
donde nos envolvemos
para abrazarnos?
¿Qué hacer contigo
y con tu alma
al caer la tarde
y oscuros ojos
escudriñan
lo que no viviste
en los años
de tu infancia?

Vamos, vamos
a ver el reloj cansado
de la plaza
y después al río
allí está la barandilla
y todavía su forja
que ahora puede
hablar por mí
una vez recogida
la simiente de mi cuerpo y cenit
milagrosamente retorno
de ¿Qué vas a hacer
en este lugar conmigo?

Mira que conozco
todos los ruidos
hasta el alba.
Aquellos carburos lejos
no son barcazas de tu mar
aunque busquen entrañas
de la noche.
Al norte
aquella masa es Jálama
donde nace este río
que abrazando
sostienes.
Ah, y tú que has venido
desde muy lejos a verme
ten prudencia, amor,
y regrésame a casa
como doncella
que vamos a pasar
por la calle
donde nació mi madre
y todavía en el balcón
asoma su trenza
lo que hoy te ofrece
conocer este lugar
planicie de fuego
regalo de otro mundo.

De “Pasión inédita”


Pureza Canelo

lunes, 7 de junio de 2010

Francisco Pino

FRANCISCO PINO. (Valladolid, 1910 -2002)

El 18 de enero de 1910 nace en Valladolid Francisco Pino Gutiérrez. Su familia, dedicada a la exportación y al comercio, le infundirá una profunda fe en la religión católica. En 1918 ingresa en el Colegio de Lourdes, donde realiza los estudios primarios, y entre 1924 y 1927 estudia bachillerato en el Instituto Zorrilla. Se licencia en Derecho por la Universidad de Valladolid en 1931. Amplía su formación en Derecho Mercantil en diferentes estancias en Inglaterra y Francia, al mismo tiempo que entabla valiosos contactos con las vanguardias europeas.

Mientras realiza sus estudios superiores, Francisco Pino comienza su andadura literaria. Crea las revistas Meseta (1928), junto a José María Luelmo, Ddooss (1931) y A la nueva ventura (1934).

En 1935 se traslada a Madrid para preparar una oposición y continuar sus estudios de Filología Francesa, será allí donde el comienzo de la Guerra Civil lo sorprenda. Debatiéndose entre su férreo catolicismo y su militancia como republicano, Pino se niega a combatir en uno y otro bando. Los años de la guerra los pasa entre diversas cárceles y periodos de libertad que le permiten conocer a María Jiménez Aguirre, con la que se casa en 1947 y con la que tendrá un único hijo.

Tras la guerra, se ve obligado a desempeñar ciertos cargos en la Presidencia del Gobierno y en Organizaciones Juveniles de Madrid. Concluidos estos compromisos, continúa su actividad mercantil y, después de su matrimonio, se instala en el Pinar de Antequera en Valladolid. Será entonces cuando Francisco Pino se dedique más intensamente a la creación literaria, aislándose voluntariamente de la vida pública.

Su obra literaria ha sido merecedora de premios como el de las Letras de Castilla y León en 1989 y el de la Trayectoria Literaria de la Diputación de Valladolid en 1993. Muere en Valladolid el 22 de octubre de 2002.

Información obtenida de: Fundación Jorge Guillén

------------------------------------

Advertencia

En silencio
como el río,
en silencio,

largamente
como el chopo,
largamente,

por tu amigo
el enemigo,
por tu amigo

vas a llorar
te lo digo
en silencio,
lar
ga
mente.

De "Versos para distraerme" 1982








Así, prendido de la espesa rama...

Así, prendido de la espesa rama
como a nuevo Absalón me viste atado.
Oh espesa rama que me tiene alzado
a un viento vivo que ternuras brama.

Oh viento! ¡Oh toro! ¡Oh llanto! ¡Oh luna! ¡Oh llama!
que a mi cuerpo con saña has castigado;
ya como vaso, de dolor sobrado,
mi corazón sangrando se derrama.

¿De qué torturas dulces eres río,
árbol crecido en tierras de desvío,
cielo con ramas de sutil locura?

Espero muerte viva, fuego frío,
de tu lanza de fino desvarío;
clavado corazón: dicha insegura.

Francisco Pino







Ausencia

Solitario campo.
Me encuentro conmigo.
Soy mi descampado.

Solitario cielo.
Me encuentro conmigo.
Soy mi desanhelo.

Solitario alud.
Me encuentro conmigo.
Soy mi multitud.

De "Versos para distraerme" 1982

Francisco Pino








El pañuelo

El pañuelo; te hallabas en un fondo
donde el trajín y un ruido de bielas
y corales, delfines, algas y
azucenas, acacias, te incorporaban para...

No, adiós no le decías
a nada; tu pañuelo
dormido reposaba en tus antaños,
sin futuro en su entraña.

Oías los murmullos, los silencios,
los grandes estruendos, explosiones,
tú, pero tu pañuelo que dormía
seguía sin decir adiós a nada.

Oyendo en la penumbra los corales,
oyendo en la penumbra las bielas,
oyendo en la penumbra las penumbras,
oyendo en la penumbra las acacias,

tu pañuelo, un Edipo, un dios y un asa
en el ayer te anclaba,
tan quietísimo.
¡Ay!, con qué adiós de mármol en su lienzo.

De "Claro decir" 2002

Francisco Pino









Esta tierra

No me busques en los montes
por altos que sean,
ni me busques en el mar
por grande que te parezca.
Búscame aquí, en esta tierra
llana, con puente y pinar,
con almena y agua lenta,
donde se escucha volar
aunque el sonido se pierda...

Francisco Pino







Ramo de lilas

Me han traído unas lilas...
...son blancas... y dan tan hondo olor...
...me llevan hasta mi mujer ya muerta...
...las plantamos los dos juntos al fondo
...del jardín.

...Sobre mi mesa están ¡Qué camafeo!
{unidas
... {cortadas en un búcaro
{dolidas

...penden, como ella misma, hacia el dolor...
...en mi dolor y el dolor
...del jardín...

...ya sin ellas..., ¡Sí, como ella, sí, este ramo!...
...el amor que la tengo a lilas huele tanto...
...a las lilas que blancas plantamos los dos juntos...
...para el recuerdo de hoy, el pulso
...del jardín...

De "Claro decir" 2002

Francisco Pino







Sima de amor

Resbalando por esta sima umbrosa,
yendo sin freno el pie tras la mirada,
la mano tanteando en piedra helada,
y presa la mirada en lumbre hermosa,

por esta sima voy. ¿Qué luz undosa
de antorchas te me muestra, mi ignorada?
¡Oh inofensiva unión y peligrosa
la de la llama a la pupila atada!

Todo al revés se ve, y a la deriva,
por esta oscuridad que luz trasciende
donde el misterio del amor estriba.

Y si la muerte siento que en mí prende,
también me gozo al verla ardiendo viva
si los caminos de tu alma enciende.

Francisco Pino








Símbolo

Te adoro nube porque eres
símbolo mío en la tarde,
púrpura que acaba en nieve,
nieve que acaba en el aire...
¡nada entre tanto combate!
Sangre que afluye a las sienes,
sienes que en sueño se abaten...
-¿Quién te venció sin rehenes?

Francisco Pino







Y la vida

Y la vida, la vida es un instante
mas cual millones de mayos perdura,
cae pronto y se levanta
pronto. No es un olvido.

Quien ve amanecer ve lo bastante;
una luz, el rocío,
ese Dios que ahora calla
dentro. No es un olvido.

Un instante lo es todo si oscurece.
Quien ve oscurecer contempla como
la muerte de una rosa que no muere
nunca. No es un olvido,

es un rostro que ciego ve una flor.

De "Cuaderno salvaje" 1983

Francisco Pino

miércoles, 2 de junio de 2010

Rosario Castellanos

"No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso..."

Rosario Castellanos

Nació en la Ciudad de México, el 25 de mayo de 1925. Vivió su infancia y adolescencia en Comitán, Chiapas, México; al extremo sur del territorio mexicano, lugar que influyó poderosamente en la atmósfera y estilo de sus obras, como se puede apreciar al leer su trilogía indigenista: el cuento Ciudad Real sobre la cultura indígena "milenaria sojuzgada y oprimida durante siglos pero que ahora clama por su derecho a existir"; las novelas Balún-Canán (Nueve estrellas, nombre indígena de Comitán) sobre el conflicto racial; y la vida cotidiana y Oficio de Tinieblas, basada en el levantamiento de los chamulas en 1867 enfocada en el conflicto por la tierra entre hacendados e indígenas.

Estudió la licenciatura y la maestría en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Con una beca del Instituto de Cultura Hispánica estudió cursos de posgrado sobre estética en la Universidad de Madrid.

Fue promotora cultural en el Instituto de Ciencias y Artes en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; directora de Teatro Guiñol en el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, en el Instituto Nacional Indigenista en San Cristóbal, Chiapas; directora general de Información y Prensa de la Universidad Nacional Rosario Castellanos


Se le nombró embajadora de México en Israel de 1971 a 1974.

Fue becaria Rockefeller en el Centro Mexicano de Escritores de 1954 a 1955.

Obtuvo el Premio Chiapas 1958, por Balún Canán. En 1961 se le otorgó el Premio Xavier Villaurrutia por Ciudad real. En 1962 su libro Oficio de tinieblas obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Además, fue merecedora al Premio Carlos Trouyet de Letras, 1967, y al Premio Elías Sourasky de Letras, 1972.

Sus últimos años los dedicó al servicio exterior. Fue nombrada Embajadora de México en Israel en 1971, desempeñándose como catedrática en la universidad Hebrea de Jerusalén, además de su labor de embajadora.

Falleció en Tel Aviv el 7 de agosto de 1974, a consecuencia de una descarga eléctrica provocada por una lámpara cuando acudía a contestar el teléfono al salir de bañarse.


Su obra ha sido incluida en diversas antologías y traducida a varios idiomas, trata temas los políticos, ya que concebía al mundo como "lugar de lucha en el que uno está comprometido", como lo expresó en su poemario Lívida Luz.

Consideraba la poesía como "un intento de llegar a la raíz de los objetos" mediante la metáfora. Cada tema lo trataba ligado con lo cotidiano y con el interés por el papel de la mujer en la sociedad y por la crítica del enfoque sexista, ejemplificado por su cuento Lección de cocina: cocinar, callarse y obedecer al marido.



Obra publicada:

CUENTO:

Ciudad real, Universidad Veracruzana, México, Ficción, 17, 1960.
Álbum de familia, Joaquín Mortiz, Serie del Volador, México, 1971.
Los convidados de agosto, Era, México, 1974.


ENSAYO:

La novela mexicana contemporánea y su valor testimonial, Instituto Nacional de la Juventud,
Cuadernos de la Juventud, México, 1966.
La corrupción (1970)
Mujer que sabe latín (1973)
El uso de la palabra, Excelsior, Serie Crónicas,
México, 1974; Editores Mexicanos Unidos, México, 1987.
El mar y sus pescaditos (1975). Colección de artículos periodísticos.

Mujer que sabe latín..., Secretaría de Educación Pública, SepSetentas, 83, México, 1974; Secretaría de Educación Pública/Fondo de Cultura Económica, Lecturas Mexicanas, México, 1984.


NOVELA:

De la vigilia estéril (1950)
El rescate del mundo (1952)
Balún-Canán (1957)
Oficio de tinieblas, Joaquín Mortiz, México, 1962.


POESÍA:

Trayectoria del polvo, El Cristal Fugitivo, México,1948.
Apuntes para una declaración de fe (1948)
De la vigilia estéril (1950)
Dos poemas (1950)
El rescate del mundo, Dirección de Prensa y Turismo del estado de Chiapas, México, 1952.
Presentación en el templo, Madrid, España, 1951; 2a.ed., en Revista Antológica, México 1952.
Poemas:1953-1955, Metáfora, México, 1957.
Al pie de la letra, Universidad Veracruzana, México,1959.
Salomé y Judith, Jus, Voces Nuevas, 5, México, 1959.
Lívida luz, Universidad Nacional Autónoma de México,1960.
Materia memorable (1969)
La tierra de en medio (1969)
Poesía no eres tú, obra poética 1948-1971, Fondo de
Cultura Económica, Letras Mexicanas, México, 1972.


TEATRO:

Tablero de damas (1952) El eterno femenino, estrenada en 1976; Fondo de Cultura Económica, Popular, 144, México, 1975.

A Rosario Castellanos le interesó siempre el teatro como medio de expresión, como manera de llegar a un público más amplio y diverso y de poder comunicarse con él.

Sin embargo no se dedicó al género hasta muy tarde y nunca llegó a publicar El eterno femenino, obra que terminó de escribir pocos meses antes de su muerte, ocurrida en 1974.

El tema de la mujer, de su situación en el mundo, fue una de las preocupaciones constantes de Rosario Castellanos.

Así, no es de extrañar que El eterno femenino tenga un carácter abiertamente feminista,
sin perder por eso la ternura y el buen humor que caracterizan toda la producción que nos ha dejado Rosario Castellanos en la lírica y la prosa.

Información obtenida de:

http://www.sololiteratura.com/ros/rossemblanza.htm
http://members.tripod.com/Heron5/caste.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Rosario_Castellanos

--------------------------------------








Dos meditaciones

I
Considera, alma mía, esta textura
Áspera al tacto, a la que llaman vida.
Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
y en el color, sombrío pero noble,
firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.
Piensa en la tejedora; en su paciencia
para recomenzar
una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.

II
Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?
¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?
¿Castrar al potro Dios?
Pero Dios rompe el freno y continua engendrando
magníficas criaturas,
seres salvajes cuyos alaridos
rompen esta campana de cristal.

Rosario Castellanos









El otro
¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

Rosario Castellanos









Elegía

Nunca, como a tu lado, fui de piedra.

Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado.

Rosario Castellanos









Elegías breves

I
Al pie de un sauce, triste Narciso de las aguas,
o cerca de una roca inexorable
quiero dejar mi cuerpo
como el que deja ropas en la playa.
Ay, mis brazos, guirnaldas desceñidas,
ay, mi cintura quieta entre las danzas.

No soy de los que exprimen
su corazón en un lugar violento.
Soy de los que atestiguan
la belleza y la muerte de la rosa.

II
Si pudiera mirarte, bella tan sólo, rosa,
y detener mis ojos largamente en tus pétalos
como una sed que duerme a la orilla de un río.

Si te mirara sólo, sin amarte,
con este amor convulso y desgarrado
de quien siente tu fuga irrevocable.

Ah, si yo no quisiera disecarte,
amarilla, en las páginas herméticas de un libro
con el afán inútil del que conoce el tiempo.

Rosario Castellanos










En el filo del gozo

I
Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:
que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme
y resbale en espuma deshecha y humillada.

Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,
palabras que los vientos dispensan como pétalos,
campanas delirantes al crepúsculo .

Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,
todo lo que los lagos atesoran de cielo
más el bosque y la piedra y las colmenas.

Cuajada de cosechas bailo sobre las eras
mientras el tiempo llora por sus guadañas rotas.

Venturosa ciudad amurallada,
ceñida de milagros, descanso en el recinto
de este cuerpo que empieza donde termina el mío.



II
Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,
rompiéndome en el filo del gozo o mansamente
lamiendo las arenas asoleadas.

Bajo tu tacto tiemblo
como un arco en tensión palpitante de flechas
y de agudos silbidos inminentes.

Mi sangre se enardece igual que una jauría
olfateando la presa y el estrago
pero bajo tu voz mi corazón se rinde
en palomas devotas y sumidas.



III
Tu sabor se anticipa entre las uvas
que lentamente ceden a la lengua
comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es el júbilo.
Cuando partes, arrasas jardines y transformas
la feliz somnolencia de la tórtola
en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas
el ánimo turbado te presiente
como los siervos jóvenes la vecindad del agua.

Rosario castellanos








Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras...

Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras
como con una cesta de fruta verde, intactas.

Los fragmentos
de mil dioses antiguos derribados
se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo
recomponer su estatua.
De las bocas destruidas
quiere subir hasta mi boca un canto,
un olor de resinas quemadas, algún gesto
de misteriosa roca trabajada.
Pero soy el olvido, la traición,
el caracol que no guardó del mar
ni el eco de la más pequeña ola.
Y no miro los templos sumergidos;
sólo miro los árboles que encima de las ruinas
mueven su vasta sombra, muerden con dientes ácidos
el viento cuando pasa.
Y los signos se cierran bajo mis ojos como
la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.
Pero yo sé: detrás
de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,
y alrededor de mí muchas respiraciones
cruzan furtivamente
como los animales nocturnos en la selva.
Yo sé, en algún lugar,
lo mismo
que en el desierto cactus,
un constelado corazón de espinas
está aguardando un hombre como el cactus la lluvia.
Pero yo no conozco más que ciertas palabras
en el idioma o lápida
bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.

Rosario Castellanos









Lo cotidiano

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor. La noche
se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

Rosario Castellanos